El valor de la fe ciega

Lo busco a tientas, entre la gente. Entre las miles de ánimas fusionadas ahí, en la calle, con el último sol de la tarde jugando al despiste. Como invitando a verlo todo en un escaparate. En reflejos de plata que sin embargo valen su peso en oro cuando me doy de bruces (y de cruces) con ése que enseña que lo importante no está al alcance de la vista. Que no forma parte de la óptica general. Y entonces caigo en un valor mucho más importante que el que promete el 925. El de la fe ciega.

Ana Pérez-Bryan es periodista de Diario SUR. Síguela en Twitter: @anaperezbryan