Hay luz al final del túnel

Lo sabemos porque se cuela por dos ventanas que parecen dos grandes ojos que miran al que observa la imagen. Lo sabemos porque la mujer tiene que llevar gafas de sol para soportar el intenso destello.

Por fin esta vez es cierto. Hemos hecho ya casi toda la travesía. Pero para acabar el viaje hay que agarrarse férreamente a esa mano que se convierte en el pasaporte de entrada para la vida al otro lado del túnel. Parece una mano yerta. Pero sigue siendo una mano a la que agarrarse, aunque fría, dura y rígida. Pero poderosa. Es la mano que hemos cogido en un acto reflejo cuando hemos nacido al padre, a la madre. La mano que nos ayuda a cruzar la calle después. La que apretamos cuando tenemos miedo. Nunca ha sido fácil recorrer el camino de la vida completamente solos.

María Gámez es Subdelegada del gobierno en Málaga. Síguela en Twitter: @Maria2gamez