La llama una y trina

El corazón traspasado late oculto a la vista, arrastrando su estela negra por el suelo. Delante dos ojos de fuego asoman en el antifaz. Su llama, que es una y trina, luce desnuda a la vista de todos. La ciudad la alimenta renegando de la luz artificial con la que temerosa disfraza a la noche de falso día. La ciudad a oscuras se enfrenta con valentía a la muerte. La llama una y trina es suficiente, revoloteando sobre las cabezas, resplandeciendo por encima de las conciencias. El fotógrafo da fe.

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