Vidas que son guerras

Sola y ebria en una calle vacía en un mundo de locos. Emborrachar las penas siempre se nos dio bien. Pero no nos engañemos, las cicatrices jamás desaparecen. Solo aprendemos a sobrevivir.
Pero hay vidas que son ejemplo. Vidas que son guerras. Vencedores que se crecen ante aquellos que les dicen ‘tú no puedes’. La fuerza, la que importa, surge de la necesidad, de la desesperación. Sacar los dientes y arrancarle a la vida lo imposible. Ellos son los fuertes.
Todos imperfectos. Todos locos ebrios.

Nuria es maestra, síguela en Twitter: @_marazi